Cuando tratamos de analizar el rendimiento de un jugador, nos basamos, especialmente, en indicadores físicos, técnicos y táctico. Seguro que nos dejamos algún otro parámetro que un profesional relacionado con el deporte añadiría. Pero vayamos con el tema táctico. En ocasiones, podemos escuchar comentarios sobre un jugador afirmando que “toma la decisión correcta en cada momento”. Esta capacidad la relacionamos con otras frases sobre el mismo jugador: “lo ve todo”, o “lo ve el primero”. Hablamos de un jugador inteligente. Posiblemente no sea el más hábil desde el punto de vista técnico, ni el más potente desde el punto de vista condicional, ni probablemente el que tenga una mayor autoestima. Pero es, tácticamente, superior.
El fútbol es un deporte de gran complejidad, con un gran número de jugadores en el terreno de juego, con un espacio compartido que genera gran cantidad de contactos y, en definitiva, con una gran emergencia en las respuestas que se requieren. Es caótico. Hay jugadores, como decimos, que tienen una gran capacidad táctica, que tienen las cualidades necesarias para ralentizar en su cabeza lo que ocurre de manera tan rápida en el juego. Tienen la capacidad de ver y fluir de manera simultánea. Ver y fluir, percepción & acción. Podemos entender esta capacidad desde una perspectiva ecológica, desde la cual puede entenderse cómo el jugador se relaciona con el entorno en una realidad temporal fusionada. En este breve escrito, es difícil llegar a explicar esta realidad de manera precisa. Pero detengámonos a reflexionar sobre cómo podemos potenciar al máximo la capacidad perceptiva del jugador, desde sus etapas formativas.
Las tareas que se desarrollan actualmente en fútbol, en el entrenamiento específico en campo, adoptan la forma de juegos en espacios reducidos (small-sided games). Estos juegos están desarrollados por un staff técnico, y son identificados como las tareas de entrenamiento específicas del fútbol que mejor permiten trabajar aspectos tácticos y técnicos, acercándose a la realidad de la competición. Pero el entrenamiento del jugador pasa también por un trabajo condicional, que conlleva un desarrollo estructural a nivel corporal y una mejora del control neuromuscular y de la capacidad coordinativa. Estas tareas pueden desarrollarse en gimnasio, y también en campo. Pensemos cómo podríamos potenciar la capacidad perceptiva del jugador en estas tareas. Miremos de enumerar algunas posibilidades:
- Introducción de foco externo, es decir, un estímulo con el que el jugador tenga que interactuar; conseguir que, simultáneamente a un ejercicio de fuerza, se provoque la necesidad de atender a un cono (estímulo fijo), a un balón (estímulo móvil) o bien a ambos
- Progresión de dificultad mediante el aumento del número de estímulos diferentes
- Progresión de la complejidad de dichos estímulos: posiblemente, la mayor complejidad de un estímulo concreto sea el comportamiento de otro jugador; es necesario diseñar ejercicios de fuerza, potencia, coordinación…en tareas compartidas entre varios jugadores
- Desarrollo de las habilidades fundamentales del jugador (frenada, aceleración, cambio de dirección, lucha, salto) y de las habilidades específicas (aún fuera de una tarea jugada propia de fútbol, podemos desarrollar ejercicios con balón)
- Creación de una gran variabilidad en las tareas diseñadas
Son sólo algunos parámetros sobre los que apoyarse en el diseño de las tareas y que nos permiten potenciar la capacidad perceptiva del jugador.
Si el diseño que desarrollamos es correcto, podremos mejorar cualidades como la atención, la concentración, la resolución de problemas y la toma de decisiones. Está claro que un jugador profesional va a poder beneficiarse de este enfoque metodológico, y ya tenemos experiencia sobre ello. Pero imaginemos ahora el impacto que puede producirse en jugadores jóvenes que pueden tener un gran potencial, que tienen un gran talente pero que necesitan los estímulos adecuados para el completo desarrollo del mismo. Aquí la diferencia puede ser determinante. Y también tenemos experiencia sobre ello.
Estas líneas tratan de enviar un mensaje, especial pero no únicamente, a los preparadores físicos que acostumbran a desarrollar su intervención con el jugador fuera de las tareas jugadas. Organizando el entrenamiento condicional desde el enfoque aquí expuesto, contribuiremos en la formación de jugadores con una gran capacidad perceptiva, capaces de “leer” de manera óptima las situaciones de juego.
Jugadores inteligentes ya desde el entrenamiento condicional. Todo un reto.