El fútbol es un deporte invasivo, donde el espacio compartido, las perturbaciones y la dificultad coordinativa de las acciones toman un protagonismo determinante. Ante un escenario de este tipo, es difícil predecir cuál es el efecto beneficioso de la aplicación del conocimiento en las decisiones que se toman. Ejemplificando esta afirmación, podemos preguntarnos: “¿cómo puedo entrenar para aumentar la potencia muscular del cuádriceps?”. Hay trabajos publicados que he leído y me dicen que la realización de sesiones de trabajo de fuerza mediante extensiones de rodilla, mejoran la potencia del cuádriceps. Y sí, hacemos una valoración del jugador, y resulta que, tras haber aplicado este tipo de entrenamiento, ha aumentado su capacidad de extender la rodilla con una mayor fuerza y potencia muscular.
A pesar de ello, tenemos la duda de si este aumento de potencia muscular ha provocado una mejora en el rendimiento en campo, en la competición. Pensemos en la capacidad de desaceleración del jugador, esencial para tener una mayor capacidad en el cambio de dirección, entre otras acciones: “¿Sería mejor crear una tarea bajo la aplicación de una carga, pero reproduciendo cinemáticamente esta acción de desaceleración?”. Resulta que leemos sobre ello, y sí, existe literatura que nos detalla cómo el entrenamiento de fuerza de esta habilidad resulta en una mejora de la misma cuando se realiza un test específico de desaceleración. Y vamos con ello, lo desarrollamos durante diferentes sesiones y obtenemos dicha mejora.
Aun así, nos aparece la duda de si, en circunstancias altamente emergentes, ante estímulos simultáneos que se producen de manera rapidísima (condiciones propias de la competición), el jugador podría mostrar esa mejora registrada en el test específico de desaceleración. Continuamos ahora leyendo en esa dirección, y encontramos estudios que demuestran que la utilización de perturbaciones y acciones no planificadas también pueden mejorar esa capacidad de desaceleración en condiciones emergentes. Acompañando a estas lecturas, también encontramos textos que nos hablan de cómo el constructo ecológico nos explica cómo el jugador puede aprender en condiciones emergentes, cómo puede llegar a ser capaz de aplicar la potencia necesaria para resolver acciones de gran complejidad. Y lo aplicamos, organizamos nuestro entrenamiento de fuerza para hacer que el jugador sea capaz de desacelerar más y mejor, y obtenemos buenos resultados en las valoraciones que diseñamos.
Este es un ejemplo de recorrido esencial en la vida de un profesional de las ciencias del deporte, también de las ciencias de la salud. Estos profesionales están en contacto continuo con los jugadores. La reflexión progresiva sobre qué decisiones tomar para hacer que el jugador tenga adaptaciones reales en competición, en el momento que realmente las necesitan, es una metodología que tiene que ser inherente al preparador físico, al fisioterapeuta y al readaptador, entre otros profesionales. Es un trabajo continuo de investigación literaria, de búsqueda, de reflexión. A partir de ahí, existe un siguiente paso de propuesta, de qué hacer, siempre en base al conocimiento y también a la…experiencia. La buena experiencia, la reflexiva, la que ha probado acciones, que ha obtenido datos para poder contrastar.
Aun desarrollando toda esta metodología de trabajo, no estaremos 100% seguros de qué nivel de adaptación han conseguido nuestros jugadores en un entorno competitivo tan complejo como es el fútbol.
Imaginemos, pues, qué puede pasar sino lo hacemos. ¿Qué podría llegar al jugador? Posiblemente poco, o nada.