Somos graduados en ciencias del deporte. Nos apasiona el fútbol. Queremos trabajar en este deporte y queremos entender el mismo y las necesidades del futbolista. Es un tema complejo, pero estamos dispuestos a recapacitar sobre dichas necesidades, y crear un entrenamiento a la altura de las mismas. No tenemos otra alternativa que poner a trabajar nuestra red neuronal a máximo rendimiento.
Vamos con un ejemplo muy importante y que nos lleva al título de este escrito. ¿Por qué entrenamos el tronco en el futbolista? Y, relacionado con esto, ¿por qué los jugadores acostumbran a realizar tanto trabajo abdominal en decúbito? Por ejemplo, haciendo planchas abdominales. Pensemos en ello. ¿Cuándo el jugador pone en tensión los músculos abdominales en posición de decúbito (exceptuando el portero)?
Los músculos de la región abdominal y paravertebral tienen un rol considerable en la capacidad de acelerar, frenar, correr y cambiar de dirección. Pero, ¿existen otras acciones donde sean realmente determinantes o sean sinónimo de superar situaciones con éxito? Pensemos en todas las acciones de lucha que se producen en el juego. Necesitamos jugadores con una gran fuerza y potencia abdominal para solventar estas situaciones, con gran capacidad para activar estos músculos de manera extraordinariamente rápida y óptima para superar toda clase de perturbaciones que se produzcan en el juego.
A partir de aquí… ¿vamos a trabajar con acciones en decúbito, realizando planchas, o bien vamos a dejar estos ejercicios para tareas compensatorias? Sí, evidentemente, nos pueden ayudar, pero no pueden ser las tareas que nos permitan mejorar el rendimiento de nuestros jugadores en las acciones de lucha. Pongamos a los jugadores en bipedestación, creando las perturbaciones que decidamos para activar de manera más selectiva la diferente musculatura abdominal. El recto abdominal nos va a estabilizar en el plano sagital, y los músculos oblicuos harán lo propio más en el plano transversal y frontal. Por otra parte, los músculos paravertebrales van a trabajar en la extensión del tronco, así como otros músculos estabilizarán, de manera específica, la columna vertebral. Esta es una descripción básica del funcionamiento de los músculos del tronco, pues estos tienen, además, gran cantidad de conexiones con músculos que provienen de la cintura escapular y pélvica. Organicemos tareas con este conocimiento, pongamos a trabajar deliberadamente estos músculos en situaciones que nos acerquen a las acciones propias de la competición. Sobrecargamos estas acciones para aumentar la capacidad del jugador, para aumentar su capacidad de resistencia ante continuas acciones desequilibrantes. En las acciones de lucha, como apuntábamos, y también en las acciones de salto. El trabajo de los músculos de la zona core en la fase aérea de los saltos es imprescindible.
Pongamos a trabajar nuestras conexiones neuronales en la creación de tareas, reflexionemos utilizando el tiempo necesario para ello. De esta manera, llegaremos a crear una gran diversidad de situaciones que sean capaces de generar las adaptaciones deseadas para que la musculatura de la zona core pueda responder de manera óptima a los momentos más exigentes y emergentes del fútbol.
Que nos quede claro: es imposible que esto lo consigamos haciendo planchas.